El balón ha botado de nuevo en el Polideportivo Pisuerga para dar el pistoletazo de salida a una nueva temporada del UEMC Club Baloncesto Ciudad de Valladolid. El inicio del curso 2025/2026 no es uno cualquiera; es el arranque de un capítulo lleno de promesas, un regreso a los orígenes y, sobre todo, un pacto de honor con una afición que nunca ha dejado de creer.
David Barrio, Mike Hansen y Paco González se han sentado ante los medios para compartir sus impresiones sobre lo que se avecina. Y si hay una palabra que resuma el ambiente, es ilusión.
Un nuevo inicio desde la honestidad
El técnico David Barrio no ha ocultado sus emociones. «Sí, sin duda con mariposas en el estómago del primer día», ha confesado. Esta ilusión se siente en cada rincón del club, que ha logrado reunir a toda la plantilla el primer día, algo que no es nada fácil. La clave, según Barrio, ha sido la honestidad: «Hemos dicho desde el principio las cosas como son».
No se trata solo de volver a una categoría superior, sino de un regreso a la esencia del baloncesto vallisoletano. El objetivo principal es que la gente se sienta orgullosa del equipo. La respuesta de la afición ha sido espectacular, con una campaña de abonados que demuestra que la conexión entre el club y su gente es más fuerte que nunca. Barrio lo tiene claro: «La gente nos está apoyando en todo momento, y nosotros devolverles con trabajo y con esfuerzo esa apuesta que hacen por nosotros».
El proyecto se basa en la coherencia. Con jugadores que conocen la categoría, un cuerpo técnico de primera opción y el retorno de talentos locales como Pablo Martín y Juanga, el club ha construido un equipo diseñado para competir y, sobre todo, para reconquistar a la afición.
Un equipo con «hambre» y mucho futuro
Mike Hansen, por su parte, ha usado una metáfora que lo dice todo: «Ya llegó la familia». Para él, el éxito se basa en la cohesión del grupo, y este equipo es un ejemplo de ello. Con una media de edad joven (entre 22 y 25 años), los jugadores han llegado con una característica común: hambre.
Hansen ha destacado la rapidez con la que se cerró la plantilla, fichando a todos los jugadores de su lista de primera opción, incluido el entrenador. Este hecho ha generado una sensación de tranquilidad en todo el club. El director deportivo ha lanzado un mensaje a quienes tienen prisa: «El que quiere ir rápido, que vaya solo. El que quiere ir lejos, vamos juntos». Un claro guiño a la paciencia y al trabajo en equipo que se requiere para lograr el objetivo de volver a la Primera FEB.
El club también ha vuelto a sus siglas históricas, CBCV, en un gesto que subraya ese deseo de reconectar con sus raíces. Hansen ha dejado claro que, a pesar de estar en Segunda FEB, la liga es una oportunidad para ver a futuros talentos del baloncesto español.
Un camino hacia la estabilidad
Paco González, desde el ámbito institucional, ha transmitido un mensaje de estabilidad y trabajo honrado. «El Club tiene una cosa fundamental para mí que son los valores de las personas», ha afirmado. La meta principal es estabilizar la entidad desde el punto de vista económico, un esfuerzo que los socios están llevando a cabo con gran dedicación.
González ha recalcado que más allá del nombre del club, lo que realmente importa es «la marca Baloncesto en Valladolid». El equipo busca ser reconocible, un reflejo de los valores de la ciudad, un equipo con el que la afición se pueda identificar. El arduo trabajo en la reducción de deudas y la planificación económica demuestran que el club va por el buen camino. Las relaciones con las administraciones locales también son excelentes, lo que supone un respaldo crucial para el futuro.
En definitiva, la vuelta al cole del UEMC Ciudad de Valladolid es mucho más que un simple inicio de pretemporada. Es un pacto con la historia, una apuesta por el talento local y una declaración de intenciones: el baloncesto vallisoletano ha vuelto, y lo ha hecho con la honestidad y el trabajo como sus principales pilares. La responsabilidad de portar ese escudo es enorme, como bien lo han recordado los directivos, pero el equipo está listo para convertir ese peso en un impulso positivo.